31 marzo, 2017

Padre, perdónales porque puede que no sepan lo que hacen

Jesús en el Desierto - Willian Dyce (Escocia, 1806-1864)

Los cristianos estamos viviendo los últimos días de la Cuaresma, un tiempo litúrgico donde, entre otras cosas, recordamos los cuarenta días que Jesucristo estuvo en el desierto meditando y siendo tentado por el Diablo.
Los cristianos necesitamos de esos cuarenta días para, como nos dicen en el primer día de la Cuaresma, el miércoles de ceniza, convertirnos y creer en el Evangelio.
¡Vivimos en un mundo tan ruidoso que no nos deja escuchar nada aparte de lo que al poder establecido le conviene! ¡Cuántos anuncios, cuántas músicas estridentes nos tapan la realidad del mundo! Y nos tapan a Dios... porque entre tanto jaleo no nos fijamos en las necesidades de las  personas... esas que son nuestro prójimo y en las que Dios está más presente que en ninguna imagen o representación.
Necesitamos parar, hacer stop y escuchar el silencio. Y eso sólo podemos hacerlo desde el desierto.
Pero los católicos especialmente lo tienen muy difícil para encontrar el silencio y el desierto. Son muy pocos los templos de Jerez donde puedes encontrar ese momento de recogimiento, de encontrarte con el Dios Padre frente a frente en el momento de la Oración. Los templos son invadidos por gentes escandalosas, ruidosas, que no respetan el silencio de este tiempo sagrado.
Organizan besamanos, besapies, Via Crucis en las calles, con sus salidas y entradas estrepitosas.
El templo se convierte en un guirigay y el desierto deja de serlo porque entre el ruido surge la tentación de la fiesta, del placer del ego, de la falsa oración ante el populacho y la fatal tentación de adorar al becerro de oro.
Eso hace que muchos tengamos que huir del templo. ¡Qué fracaso del clero! ¡Los que quieren orar se tienen que ir de la casa de Dios porque hay mucho ruido, jaleo, distracciones! 
Yo mismo, últimamente consigo encontrarme mejor con Dios en la soledad de mi casa o en el campo paseando escuchando con mis cascos alguna selección musical de Taizé.
Pero luego viene lo peor. Previo al Domingo de Ramos estallan la procesiones que ... ¿son procesiones? ¿Qué conservan hoy de su identidad primitiva? Yo... con todos mis respetos, cada vez me recuerdan más al carnaval. Comienzan en el teatro con eso que llaman 'El pregón' y qué sigo preguntándome porque no lo quieren hacer en sitio sagrado... luego ese baile de máscaras. Máscaras que son para ocultar al que hace penitencia y que algunos se saltan a la torera cuando les place. Digo baile de máscaras porque... ¿son las procesiones hoy serias? Hay algunas que sí, que lo son. Pero otras sólo pasean santos. Y cuando termina la Cuaresma, comienza la Semana Santa, que no tiene nada que ver con la semana cofrade.
Semana Santa es un tiempo litúrgico donde los cristianos recordarmos la pasión y la muerte de Jesús. Es un momento triste, muy triste, porque es la historia de un fracaso que termina con una ejecución en una cruz. ¿Cómo en estos días hay gente que viendo imágenes - que son un auténtico museo - por las calles, recordando esa pasión y muerte, les gritan al Jesús preso, al Jesús agonizante, al Jesús muerto, guapo, guapo y bonito? ¿Qué entierro es ese donde va la gente a cara descubierta y dónde políticos que están a años luz de ese evangelio que llevo a la condena a Jesús se pasean a la vista de todos? ¿Dónde queda el respeto, el luto, la pena por el Jesús muerto? Pero por Dios ¿Dónde han aprendido la catequesis esta gente? Se ve que las clases de religión en el colegio no les sirvió para nada...
Pero queda lo peor. Todo esto no tendría sentido, el ser cristiano no tendría sentido, si el domingo siguiente Jesús no resucitara. No somos nadie sin la resurrección. ¡El Domingo de Resurreción, ese día donde muchos cofrades se van a algún pueblo vecino a ver cómo torturan y asesinan a un toro! Y mientras, por la mañana temprano, un Jesús de Nazaret sale en procesión por Jerez rodeado de cuatro gatos si lo comparamos con una tarde de Viernes Santo.
Cuaresma o carnaval sacralizado. En cada cristiano está el convertirlo - y ser responsables ante Dios - de hacer de este tiempo litúrgico una cosa u otra.
Yo soy el más raro del mundo. Tendré que ir alguna vez que otra a ver alguna procesión. Que me encantan. La combinación museo andante - música - olor a azahar es única. Pero me tendré que poner mis tapones de oídos virtuales para que pueda vibrar en mí el silencio interior: único sitio donde Dios habla Y decirle: Padre, perdona todo este escándalo ante tu pasión y muerte porque parece que no saben lo que hacen.

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